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Tzvetan Todorov “La democracia incumple su espíritu”
(Tzvetan Todorov. Ensayista, autor de Los enemigos íntimos de la democracia)
Entrevista de Juan Cruz publicada no suplemento Cultura do El País em 29 de Abril de 2012
Tzvetan Todorov nació en Sofía, Bulgaria, en 1939, vive en Francia desde 1963 y es un gran lingüista que en las últimas décadas se ha dedicado a mirar heridas sobre las que el mundo se pregunta poco. Ahora le ha tocado hurgar en la democracia: ¿es tan buena como parece?, ¿hace siempre el bien?, ¿no será que disfraza de bien el mal en ocasiones? ¿Se siente legitimada, como Napoleón, para causar los desastres de la guerra que invoca Goya (sobre el que ha escrito un libro) en nombre de la ilustración democrática que predica? El libro en el que lanza estas preguntas es Los enemigos íntimos de la democracia (Galaxia Gutenberg) y produce desasosiego. Todorov se muestra ahí como si estuviera descubriendo ángulos oscuros en un cuarto en el que advierte que el mejor juguete está roto. Y actúa como el niño del cuento El rey desnudo.
Pregunta. Dice que nuestro tiempo se caracteriza por el proceso de civilización, pero ilustra un estado de embrutecimiento. ¿Cuál era su estado de ánimo al escribir este libro?
Respuesta. Creo que mi estado de ánimo era diferente del que tuve al escribir mis libros anteriores sobre temática política. En esos otros libros mi postura siempre fue la de defender la democracia contra sus enemigos. Como provengo de una parte del mundo que se oponía a la democracia y yo consideraba eso el mal, desde que vivo en Francia siempre preferí la democracia. Sin embargo, ya llevo dos tercios de mi vida aquí y me he dado cuenta de que, con el tiempo, me he vuelto cada vez más crítico con la democracia. No porque esté en contra de sus principios, sino porque creo que esos principios están pervertidos y que no vivimos verdaderamente en una democracia. Por eso me sentí identificado con las palabras que gritaban los indignados en España: “¡Democracia real ya!”. Estuve en Santander, en los cursos de verano, y entonces hubo muchas manifestaciones y me chocó. Me di cuenta de lo diferente que era Europa cuando emigré y ahora. Antes lo que gritaba la gente joven era: “¡Revolución ya!”. Y años más tarde lo que piden es: “Democracia ya”. Esto es muy significativo. Quiere decir que la democracia ya no está presente. Es aún un ideal por el que se tiene que luchar.
P. Y eso marca su pensamiento.
R. Lo que sentí al escribir este libro era que tenía que azuzar a mis contemporáneos. A pesar de que no es un ataque a la democracia (ni soy comunista ni un terrorista islámico), sentía la necesidad de decirles que la democracia no cumple con sus promesas. Intenté demostrar que la democracia en la que vivimos hoy día es contraria al espíritu real de la democracia.
P. Usted dice que los indignados siguen buscando una fórmula. ¿Usted realmente cree que hay un remedio? ¿Cuál es la enfermedad?
R. Creo que hay muchas enfermedades, pero no hablo de todas. Como ciudadano individual soy más sensible a unas que a otras. Algunas ni siquiera tienen que ver con la vida diaria, sino con la situación geopolítica. Esto es lo que me enfurece más. España por lo menos es más moderada en sus posturas internacionales…, ¡pero Francia! Estamos viviendo un momento de la historia en que nos creemos que somos la encarnación perfecta de la democracia. Consideramos legítimo trasladarnos a otros países e imponer democracia a la fuerza. Goya, en Los desastres de la guerra, no solo ataca a los invasores franceses, sino que demuestra las consecuencias de la guerra. La guerra es más poderosa que las razones por las que se va a la guerra. Hoy casi todas las guerras que lidera Occidente se presentan como si fueran humanitarias. Sentimos que se debe llevar la democracia allí donde sentimos su falta.
P. Lo que hizo Napoleón.
R. Es para mí muy importante insistir en que esta actitud es la continuación del convencimiento francés de que, creyéndose la mejor civilización, podía invadir España, Alemania, Italia, Egipto… Y lo mismo sirve para los demás países europeos que han invadido África y Asia. Eso es lo que yo llamo mesianismo político. Es una perversión muy peligrosa de la democracia. Decimos que es en nombre de la democracia, pero resulta que al final acabamos creando situaciones como Abu Graib o Guantánamo, levantando fronteras aquí y allá. Esta es una de las mayores perversiones existentes en la geopolítica actual. Pero en mi libro menciono dos enfermedades importantes de la democracia. La otra es la dominación neoliberal que destruye el frágil equilibrio de los fundamentos de la democracia, que son la libertad individual y la preocupación por el bien común. En la última década se ha desarrollado una ideología nueva que rompe con eso. Pretendemos que el único rol del Estado es desmantelar todas las legislaciones que protegen a los trabajadores para darles lo que se les antoja a los reyes de la economía. El poder no tiene límite. Sin embargo, una de las fórmulas de la democracia la dio Montesquieu: ningún poder ilimitado puede ser legítimo.
P. Ahora el poder económico es el que importa.
R. Y si el poder político se pone a las órdenes del poder económico estamos perdidos. Nos estamos volviendo igual de radicales que el totalitarismo comunista, ese en el que todo está dominado por el interés colectivo y no queda nada para la iniciativa personal. Nuestro sistema es igual de radical, pero al revés. Está dominado por el interés personal y ninguna intervención del Estado trabaja en nombre del interés colectivo. Eso que llamamos el Estado de bienestar. Pero los gurús dicen que aquello es mejor para la economía. Como si las personas no importaran.
P. Ha pasado en Italia y en Grecia: el poder político está en manos de exbanqueros que no han sido elegidos democráticamente. ¿Cómo puede ocurrir esto en Europa?
R. Efectivamente, ¿cómo? Y esto nos lleva a hablar del tema de los remedios que hay que administrar a las enfermedades íntimas de la democracia. En Grecia, el Gobierno elegido democráticamente fue reemplazado por un banquero. Lo mismo ocurrió con Monti en Italia, que vino de trabajar para los grandes bancos de Nueva York. En España, aunque hemos asistido a un cambio de la izquierda a la derecha, el primer ministro ha obedecido enseguida las normas que le ha impuesto el FMI. Etcétera. De hecho, las economías europeas están “hiperpenetrándose” y el único cambio que puede venir es de la Unión Europea. Aunque esto será difícil porque hoy día la UE está dirigida por los Gobiernos más poderosos de la Unión y no por un parlamento elegido.
P. Europa ya no es la mejor idea.
R. A mi gran pesar, la Unión Europea no es una entidad democrática ni política. Hace falta una crisis aún mayor para que obliguemos a la Unión Europea a ser mejor. ¿Qué podemos hacer? Primero, debemos ganar la batalla de la opinión pública. Mi libro va encaminado hacia ello y espero que haya más aportaciones. Hay que concienciar a la gente de que hay que cambiar, que hay mejores formas de resistencia a los poderes del mercado. ¿Por qué creemos ciegamente en gente que solo piensa en sus intereses personales? ¿Por qué creemos que ellos tienen la mejor solución?
P. Parece que ahora, para encontrar soluciones, es preferible ir a los mercados que al Parlamento.
R. Pero si pensamos eso, estamos fuera de la democracia. El poder político controla los demás. Hay que dar poder a las personas. Ese es el significado de la democracia. En lugar de que el poder esté en manos de la comunidad, y a favor de ella, es la tiranía de unos cuantos. Mire lo que ocurrió en Estados Unidos, donde el presidente no pudo imponer ni una reforma sanitaria porque las aseguradoras se organizaron y crearon tal resistencia que pudieron acabar con la iniciativa. Ya no existe la regla básica de la democracia, que ningún poder absoluto debe ser legítimo. Pero las corporaciones tienen el poder absoluto. Pueden comprarle la elección a un senador. Y esto es muy peligroso porque se convierte en plutocracia.
P. En sus reflexiones sobre las guerras que impone Occidente, usted se detiene en la aberración de la tortura, presentada por Estados Unidos, por ejemplo, como una posibilidad de atajar el mal.
R. Es increíble. La tortura es algo tan vergonzoso, pero es aún peor si se convierte en la política oficial de una democracia. Es una contradicción y es inaceptable. Los franceses torturaron a sus enemigos en la guerra de Argelia. El Gobierno argentino torturó a sus enemigos. Pero nunca lo aceptaron públicamente.
P. Usted reproduce las indicaciones oficiales para que la tortura fuera más eficaz. En Abu Graib, por ejemplo, para imponer la democracia. El mal que surge del bien, dice usted.
R. La palabra libertad es tan atractiva que todo el mundo la utiliza. Los tiranos, cuando suben al poder, dicen que a partir de entonces la población será libre. Sin embargo, yo, que me crie en un régimen que explícitamente limitaba la libertad individual, me impresionaba que los partidos de la más extrema derecha europea usaran la palabra libertad en los títulos de sus discursos. Al poner esa palabra ahí se sentían con el derecho a pasar de las leyes y sus limitaciones. Pasaban del respeto a la vida y atacaban a sus enemigos de la manera más viciosa que existe. Lo mismo ocurre hoy con el liberalismo. Es una ideología que pretende que no haya más valor que la libertad individual, y no creo que eso sea verdad. Me gusta citar a un cura francés del siglo XIX (Henri Lacordaire) que dijo que tanto los ricos como los pobres, los poderosos y los que no tienen poder, son protegidos por la ley, pero la libertad los aprisiona. Creo que él logra condensar esta verdad en una sola frase. No es la libertad la que libera, sino la ley.
P. ¿Usted se siente solo o casi solo en esta apreciación de las amenazas que tiene la democracia en su propio seno?
R. No. Eso sería demasiado pretencioso por mi parte. Las guerras humanitarias o preventivas y sus componentes antidemocráticos han sido discutidas por una minoría de escritores, y existen libros que denuncian “el imperialismo humanitario”. El neoliberalismo y sus efectos también tiene muchos enemigos. Y el populismo también. Lo que he intentado hacer es dar una imagen global de esas amenazas de las que la democracia debe defenderse. Creo que el rol de los intelectuales no es seguir la corriente, sino perseguir la libertad, preguntarse por ella, y transmitir los resultados de su pesquisa. Y no tener miedo.
Ontem François Hollande venceu as eleições para Presidente da República em França. Na Grécia, os partidos considerados como do “arco do governo” (para usar uma expressão muito querida de vários comentadores portugueses, quando procuram instilar nos seus leitores, nos seus ouvintes, a ideia de que devem votar CDS/PS/PSD) sofreram grandes quebras nas votações, havendo um grande reforço à esquerda, e aparecendo a extrema direita pela primeira vez no parlamento. Noutros países também houve eleições.
Na Alemanha, nas eleições regionais em Schleswig-Holstein, a coligação da CDU de Angela Merkel com os liberais está com problemas. Os conservadores baixam ligeiramente, mas os liberais sofreram uma queda considerável. No Reino Unido, há dias, houve eleições locais, os conservadores e o s liberais sofreram uma quebra, e os trabalhistas tiveram uma subida considerável, só falhando em recuperar Londres. Ontem e hoje decorreram eleições locais em Itália. Na Sérvia houve presidenciais, legislativas e locais.
Todo este movimento eleitoral se reveste, evidentemente, de muito interesse. Por todo o lado, de diversos modos, detecta-se que as pessoas têm um enorme desejo de mudança. O problema está em se o vão conseguir. Por um lado, algumas destas eleições vão ser seguidas de outras que poderão pôr em causa os resultados e as expectativas agora alcançadas. É o caso de França, onde proximamente haverá eleições legislativas, e não é líquido que o Partido Socialista de François Hollande as vença. Por outro lado, é necessário que os resultados de uma eleição permitam arranjos, combinações políticas que concretizem a vontade do povo, admitindo que as votações ganhadoras foram em partidos que a compreendam (a vontade do povo) e realmente estejam dispostos a pô-la em prática. Diário de Bordo aqui não resiste a comentar que não tem sido frequente este último caso. Na Grécia, parece ter havido um grande aumento de votação nas forças políticas dispostas a exigir, pelo menos, alterações significativas no acordo com a troika. Os comentadores (muito pode esta gente!) já andam a preparar o terreno para novas ameaças de expulsão da Grécia da zona euro, da União Europeia, etc. O facto é que as autoridades europeias (chamemos assim ao Durão Barroso, ao Van Rompuy, etc., para não lhes chamarmos coisas mais feias) estão marimbando para a vontade do povo grego, do povo português, etc. Vão exigir respeitinho e pagamentos em dia, com muito dinheiro para a banca privada. E por aí a fora.
Algumas pessoas depositam esperanças no facto de François Hollande ter sido eleito, derrotando Sarkozy, o favorito da banca e da alta finança. Que ele vai ser capaz de travar os alemães, a finança, etc. De pôr a economia a crescer, criar empregos, etc. É muito duvidoso. Porquê? Porque era preciso que ele fosse ao assunto com toda a força. Começando por nacionalizar a banca, e não permitindo especulações, notas das parcas, perdão, das agências de notação, acabando com os cds (os credit default swap, não o do Paulo Portas) e mais uma série de poucas vergonhas que por aí andam. Será que o François Hollande vai fazer alguma coisa destas? Diário de Bordo tem muitas dúvidas. Até tem dúvidas de que ele queira.
(Conclusão)
A 5ª Internacional deve fazer da diversidade um trunfo. Imagino que não pode “eliminar”, mas deve reunir e integrar: marxistas de diferentes escolas (inclusive alguns passavelmente “dogmáticos”); reformadores radicais autênticos que, mesmo assim, preferem reforçar objetivos viáveis mais próximos que perspectivas distantes; teólogos da libertação; pensadores e militantes que queiram inscrever as renovações nacionais que promovem, na perspectiva da emancipação universal; feministas e ecologistas que também se inscrevam nessa perspectiva.
A condição fundamental que permitirá que esse reagrupamento de combatentes realmente trabalhe pela mesma causa é a tomada de consciência do caráter imperialista do sistema que há. A 5ª Internacional tem de ser muito claramente anti-imperialista. Não se pode satisfazer com “intervenções humanitárias” com as quais os poderes dominantes tentam substituir a solidariedade e o apoio às lutas de libertação dos povos, das nações e dos estados das periferias. Além desse reagrupamento, devem-se buscar alianças amplas com todas as forças e movimentos em luta contra as derivas da democracia-farsa.
3. Se insisto na dimensão anti-imperialista dos combates a fazer, é porque essa é a condição da possibilidade de construir uma convergência entre as lutas do Norte e do Sul do planeta. Já disse que a fraqueza – pelo mínimo que se diga – da consciência anti-imperialista no Norte é a principal causa da limitação dos avanços que os povos das periferias conseguiram até agora, e mais ainda de seus recuos. Construir a perspectiva de convergência das lutas é empreitada difícil. É preciso não subestimar os perigos mortais que há nessas dificuldades. No Norte, uma dessas dificuldades é a adesão ainda grande à ideologia do consenso que legitima a farsa democrática, aceitavam graças aos efeitos corruptores do rentismo imperialista. Mesmo assim, a própria ofensiva do capital dos monopólios contra os próprios trabalhadores do Norte, que está em curso, poderia ajudar na direção de os trabalhadores tomarem consciência de que os monopólios imperialistas são inimigos comuns, de todos. Os movimentos que se estão criando e reconstruindo em tempos politizados e organizados conseguirão fazer ver que os monopólios capitalistas têm de ser expropriados e nacionalizados na direção de serem socializados?
Se não nos aproximarmos desse ponto de ruptura, o poder de última instância dos monopólios do capitalismo/imperialismo continuará intacto. As derrotas que o Sul poderia infligir àqueles monopólios, fazendo recuar a sangria operada pelo rentismo imperialista só reforçariam as chances de os povos do Sul livrarem-se também de suas cadeias. Mas no Sul persiste o conflito de expressões da visão do futuro: universalistas ou passadistas? Enquanto esse conflito não se decidir a favor dos primeiros, os povos do Sul só conseguirão obter, em suas lutas de libertação, vitórias frágeis, limitadas e vulneráveis. O bloco histórico progressista universalista só ganhará corpo, se se fizerem avanços sérios no Norte e no Sul, nos rumos aqui sugeridos.
Original em francês http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?r
Referências Para referências que podem ajudar o leitor a refazer o percurso da formação dos conceitos utilizados nesse texto (em francês e inglês), ver
http://www.pambazuka.org/fr/category/fea
NTs [1] Na Conferência de Bandung (18-24/4/1955), reuniram-se na Indonésia, os líderes de 29 estados asiáticos (Afeganistão, Arábia Saudita, Birmânia, Camboja, Laos, Líbano, Ceilão, República Popular da China, Filipinas, Japão, Índia, Paquistão, Turquia, Síria, Israel, República Democrática do Vietnã, Irã, Iraque, Vietnã do Sul, Nepal, Iêmen do Norte) e africanos (Etiópia, Líbia, Libéria e Egito), países que, juntos, tinham então população total de 1,35 bilhões de habitantes (mais em http://www.britannica.com/EBchecked/topi
O passadismo, inimigo da democracia
Os limites de cada uma e de todas as experiências nacionais populares (ou “populistas”) dignas do nome originam-se nas condições objetivas que caracterizam as sociedades da periferia do mundo capitalista/imperialista contemporâneo. São experiências diversas, evidentemente. Mas além da diversidade há convergências importantes que permitem projectar alguma luz sobre as razões de seus sucessos além de seus recuos.
A persistência de aspirações “passadistas” não é produto do “atrasismo” sólido dos povos considerados (o discurso habitual sobre o tema), mas meio para que se possa aferir correctamente o desafio. Todos os povos e nações das periferias não só foram submetidos a uma feroz exploração económica pelo capital imperialista, mas também foram, por isso mesmo, submetidos a uma também feroz agressão cultural. A dignidade da cultura, da língua, dos costumes, da história foi-lhes negada com muito visível desprezo. Não surpreende que essas vítimas do colonialismo externo ou interno (os povos nativos da América) associem naturalmente a libertação social e política à restauração da dignidade nacional.
Mas, por sua vez, essas aspirações legítimas induzem também a que os povos se voltem para o passado, e exclusivamente para o passado, na esperança de lá encontrarem a resposta às questões de hoje e de amanhã. Há risco real de o movimento de despertar e de libertação de vários povos acabar preso em impasses trágicos, no caso de o “passadismo” ser tomado como eixo central da renovação buscada.
A história do Egipto contemporâneo ilustra à perfeição a transformação da complementaridade necessária entre a perspectiva universalista aberta para o futuro e associada à restauração da dignidade do passado, num conflito entre duas opções formuladas em termos absolutos: ou bem “ocidentalizar-se” (no sentido vulgar do termo, renegando o passado), ou bem “voltar ao passado” (sem crítica). O vice-rei Mohamed Ali (1804-1849) e os quedivas[2] até os anos 1870s optaram por uma modernização aberta à adopção de fórmulas de modelos europeus. Não se pode dizer que essa opção fosse uma “ocidentalização” de pacotilha. Os chefes do estado egípcio davam importância à industrialização modernizante do país, não à adopção, unicamente, do modelo de consumo dos europeus. Interiorizaram a assimilação dos modelos europeus associando-os à renovação da cultura nacional e contribuindo para a fazer mover no sentido do laicismo, e a prova está nos seus esforços para apoiar a renovação da língua. Claro que o modelo europeu em questão era o modelo capitalista e sem dúvida não avaliavam a exacta medida do carácter imperialista daquele modelo. Mas não se pode recriminá-los por isso.
E quando o quediva Ismail proclamou seu objectivo – “fazer do Egito um país europeu” – ultrapassou Ataturk em 50 anos; e planeava associar aquela “europeização” ao renascimento nacional, não à negação desse renascimento. As insuficiências da Nahda [“Renascimento Árabe”] cultural da época (sua incapacidade para compreender o que fora o Renascimento europeu), e o caráter “passadista” que dominava os conceitos da Nahda, sobre os quais escrevi, não são segredo para ninguém. Saldo disso é precisamente a visão predominantemente passadista que se imporá ao movimento de renovação nacional no final do século 19. Ofereci uma explicação para isso: a derrota do projeto “modernista” que ocupara o proscênio entre 1800 e 1870 levou o Egipto a regredir. E a ideologia da recusa daquele declínio cristalizou-se naquele momento de regressão, com todas as deformações que isso implicava. Os fundadores no novo Partido Nacional (Al hisb al watani), no final do século 19, Mustafá Kamel e Mohamed Farid, escolheram o passadismo como eixo central de seu combate, como se vê, dentre outras evidências, em suas ilusões “otomanistas” (apoiar-se em Istambul contra os ingleses).
A história provaria o erro dessa escolha. A revolução nacional e popular de 1919-1920 não foi conduzida pelo Partido Nacionalista, mas pelo seu adversário “modernista”, o Partido Wafd. Taha Hussein retoma então o slogan do quediva Ismail: “europeizar o Egipto”; apoiar para essa finalidade a nova Universidade e marginalizar o Azhar [uma das principais mesquitas e entidades islâmicas do Egipto]. A tendência passadista, herdada do Partido Nacionalista, logo deslizaria para a insignificância. O seu líder – Ahmad Hussein –, nos anos 1930 já não passa de chefe de um partido minúsculo, que pouco depois seria atraído pelo fascismo. Mas a tendência passadista reapareceria fortemente presente, outra vez, entre os oficiais livres que, em 1952, derrubariam o rei. As ambiguidades do projeto de Nasser são o resultado desse recuo, no debate sobre a natureza do desafio. Nasser tenta associar alguma modernização, que mais uma vez não era de pacotilha, fundada na industrialização, ao apoio a algumas das ilusões passadistas. Pouco importa que o projeto de Nasser inscreva-se – ou tenha suposto que se inscrevesse – numa perspectiva “socialista”, evidentemente desconhecida no século 19. A atracção que o passadismo exercia sobre ele continua lá. As opções relacionadas à “modernização do Azhar”, que já critiquei, são prova disso.
O conflito entre as visões “modernistas, universalistas” de uns e as visões “passadistas integralistas” de outros ainda ocupam o proscênio no Egito. As primeiras são defendidas, principalmente, pela esquerda radical (no Egito, de tradição comunista, forte nos anos imediatamente posteriores à II Guerra Mundial), ouvidas pelas classes médias esclarecidas, sindicatos operários e, ainda mais, pelas novas gerações. O passadismo tende mais à direita, com os Irmãos da Fraternidade Muçulmana, que adotou posições extremas na interpretação mais arcaica do Islão (promovida pela Arábia Saudita), o wahabismo. Não é difícil chamar a atenção para o contraste que há entre essa evolução, que fechou o Egipto num impasse, e a via adotada pela China depois da revolução dos Taipings[3], que o maoísmo retomou e aprofundou: a construção do futuro passa pela crítica radical do passado. “A emergência” no mundo moderno e, portanto, a proposição de respostas eficazes ao desafio, inclusive o engajamento na via da democratização – cujas linhas gerais exporei adiante, nesse artigo – são condicionadas pela recusa a fazer do passadismo o eixo central da renovação.
Não é pois por acaso que a China está hoje na vanguarda dos países “emergentes”. Tampouco é acaso que, na região do Médio Oriente, a Turquia, e não o Egipto, se inclua no mesmo pelotão. A Turquia – mesmo a do Partido AKP “islâmico” – beneficia da ruptura que, ao seu tempo, foi o kemalismo. Mas a diferença entre a China e a Turquia é uma diferença decisiva: a escolha “modernista” da China já se inscreve numa perspectiva que se deseja “socialista” (e a China está em conflito com o hegemonismo dos EUA, quer dizer, com o imperialismo colectivo da Tríade), perspectiva que veicula oportunidades de progresso, enquanto a “modernidade” da Turquia contemporânea, que não cogita de sair da lógica da globalização contemporânea, é via sem futuro. O seu sucesso é só aparente e provisório. A associação entre a tendência modernista e a tendência passadista que se encontra em todos os países do grande Sul (as periferias), evidentemente em fórmulas diversas. A confusão produzida por essa associação aparece numa de suas manifestações mais visíveis na profusão de discursos ineptos sobre “as formas do passado que se pretendiam democráticas”, trazidas a nu, sem crítica. A Índia independente faz o elogio dos panchayat [4]; os muçulmanos, da shura; os africanos, da “árvore que fala”, como se essas formas da vida social do passado tivessem algo a ver com os desafios do mundo moderno. A Índia é a maior democracia (por número de eleitores) do planeta? Ou essa democracia eleitoral ainda é e continuará a ser farsa, enquanto não se fizer a crítica radical do sistema de castas (herdado, também ele, do passado), até aboli-lo? A shura continua a ser veículo para pôr em ação a Xaria, interpretada no sentido mais reacionário, inimigo da democracia. Os povos da América Latina enfrentam hoje esse mesmo problema.
Compreende-se facilmente a legitimidade das reivindicações “dos indígenas”, caso se saiba o que foi o colonialismo interno ibérico. Alguns discursos indigenistas pouco criticam os passados locais envolvidos na questão. Mas outros, sim, criticam aqueles passados e fazem avançar os conceitos ao associar, de modo radicalmente progressista, as exigências universalistas e o potencial que se acumula na evolução do que se herda do passado. Nesse sentido, os debates bolivianos são, provavelmente, muito ricos. A análise crítica dos discursos indigenistas em questão, feita por François Houtart (El concepto de Sumai Kwasai) acende nossas lanternas. A ambiguidade aparece muito destacada nesse estudo notável, que passa em revista o que me parece ser a provável totalidade dos discursos sobre o tema.
A contribuição – negativa – do passadismo na construção do mundo moderno é de tal ordem, que pode ser detectada não só nos povos das periferias. Na Europa, além de seu quarto noroeste, as burguesias estavam enfraquecidas demais para engajar-se em revoluções como na Inglaterra ou na França. O objetivo “nacional” – particularmente na Alemanha e na Itália, depois também na direção do leste e do sul do continente – serviu como meio de mobilização e de guarda-chuva para compromissos “meio-burgueses/meio velhos regimes”. O passadismo mobilizado aqui não foi “religioso”, mas “étnico”, fundado numa definição etnocêntrica da nação (na Alemanha) ou numa leitura mitológica da história romana (na Itália). O desastre está aí à vista – o fascismo e o nazismo –, a ilustrar o carácter arquirreacionário, com certeza antidemocrático, do passadismo nessas formas “nacionais”.
Teorias e práticas das vanguardas e dos despotismos iluminados
A tempestade é portadora potencial de avanços revolucionários, mas não é sinónimo imediato de revolução. As respostas dos povos das periferias, inspiradas pelo ideal do socialismo radical – pelo menos na origem (Rússia, China, Vietname, Cuba) – ou da libertação nacional e do progresso social (à época da Conferência de Bandung na Ásia e na África[1], na América Latina), não são simples. Elas associam, em diferentes graus, componentes de vocação progressista universalista e outros, de natureza passadista. Destrinçar as interferências conflituantes e/ou complementares entre essas tendência ajudará a formular – adiante, nesse artigo – as formas possíveis de autênticos avanços democráticos.
Os marxismos históricos da 3ª Internacional (o marxismo-leninismo russo e o maoísmo chinês) rejeitaram deliberadamente e integralmente o passadismo. Optaram por um olhar voltado para o futuro, em espírito de emancipação no pleno sentido da palavra. Essa opção foi sem dúvida facilitada na Rússia, pela longa preparação que permitiu aos “ocidentalistas” (burgueses) vencer os “eslavófilos” e os “eurasianos” (aliados do Antigo Regime), na China, pela revolução dos Taipings (escrevi sobre isso em La Commune de Paris et la Révolution des Taipings). Simultaneamente, esses marxismos históricos optaram, de saída, por uma conceptualização do papel das “vanguardas” na transformação das sociedades. Deram forma institucionalizada a essa opção, simbolizada pelo “partido”. Não se pode dizer que a opção tenha sido ineficaz. Bem ao contrário disso, ela com certeza esteve na base das vitórias daquelas revoluções. A hipótese de que a vanguarda minoritária ganharia o apoio da imensa maioria mostrou que tinha fundamento. Mas a história posterior se encarregaria de mostrar os limites dessa eficácia. Porque o facto de o essencial dos poderes se ter concentrado nas mãos dessas “vanguardas” não é absolutamente estranho às derivas posteriores dos sistemas “socialistas” que se pretendia criar e instituir.
A teoria da prática dos marxismos históricos em questão teriam sido práticas de “despotismos iluminados”? Não se pode saber, se não se fixar precisamente quais foram e o que progressivamente vieram a ser os objectivos desses despotismos iluminados. Em todo caso, foram, até o fim, “antipassadistas” – como o comprova o comportamento deles em relação à religião, declarada puro obscurantismo (já escrevi sobre essa questão em L’internationale de l’obscurantisme).
O conceito de “vanguarda” foi menos adoptado nas sociedades revolucionárias consideradas que em outras sociedades. Estava na base do que vieram a ser os partidos comunistas de todo o mundo, dos anos 1920 aos anos 1980, e encontrou lugar nos regimes nacionais populares do Terceiro Mundo contemporâneo.
Por toda a parte, esse conceito de “vanguarda” dava à teoria e à ideologia importância decisiva, a qual, por sua vez, implicava valorizar o papel dos “intelectuais” (revolucionários, é claro), ou seja, da intelligentsia. intelligentsia não é sinónimo de classes médias educadas, menos ainda de quadros, burocratas, tecnocratas ou universitários (as chamadas “elites”, no jargão anglo-saxão). intelligentsia é um grupo social que não emerge como tal senão em condições especiais que se observam em algumas sociedades e passam a ser activo importante, muitas vezes decisivo. Fora da Rússia e da China, encontra-se fenómeno análogo em França, na Itália e em outros países, mas com certeza não há nem na Grã-Bretanha nem nos EUA, nem, em geral, na Europa do Norte.
Em França, durante a maior parte do século 20, a intelligentsia teve lugar importante na história do país, reconhecido pelos melhores historiadores. Pode ter sido efeito indirecto da Comuna de Paris, durante a qual o ideal da construção de um estágio mais avançado da civilização, ao sair do capitalismo, manifestou-se mais claramente que em qualquer outro ponto do mundo (cf. meu artigo sobre a Comuna). Em Itália, o Partido comunista de antes do fascismo cumpriu funções análogas. Como Luciana Castallina observa com lucidez, os comunistas – uma vanguarda fortemente apoiada pela classe operária, mas sempre minoritária em termos eleitorais – realmente construíram, sozinhos, a democracia italiana. Tiveram, “na oposição” – à época – um poder real na sociedade, muito mais considerável do que teriam depois, “no governo”! O verdadeiro suicídio, que só se explica pela mediocridade dos líderes que sucederam Berlinguer, fez sumir, com eles mesmos, o Estado e a democracia na península.
Esse fenómeno da intelligentsia jamais existiu nos EUA e na Europa protestante do Norte. O que aqui se chama “a elite” – a selecção do termo é significativa – é composta exclusivamente de servidores do sistema, ainda que sejam “reformadores”. A filosofia empirista/pragmatista, que aqui ocupa toda a cena do pensamento social, com certeza reforçou os efeitos conservadores da reforma protestante cuja crítica propus noutro estudo (L’Eurocentrisme, modernité, religion, démocratie). O anarquista alemão Rudolf Rocker é dos raros pensadores europeus que expôs reflexão próxima da minha; mas a moda exige – por Weber e contra Marx – que a reforma protestante seja celebrada sem exame, como avanço progressista!
Nas sociedades periféricas em geral, além dos casos flagrantes de Rússia e China, e por idênticas razões, iniciativas das “vanguardas”, quase sempre intelligentsistas, favoreceram a reunião e o apoio de grandes maiorias populares. A forma mais frequente dessas cristalizações políticas cujas intervenções foram decisivas no “despertar do Sul” foi a do (ou dos) “populismo”. Teoria e prática traçadas pelas “elites” (à moda anglo-saxônica, “pró-sistema”), mas defendidas e em certo sentido reabilitadas por Ernesto Laclau com argumentos sólidos, boa parte dos quais assumirei.
É claro que há tantos “populismos” quanto experiências históricas chamadas “populistas”. Os populismos são frequentemente associados a personagens “carismáticos”, cuja “autoridade” do pensamento é aceita sem muita discussão. Os reais avanços (sociais ou nacionais) que lhes são associados em algumas condições levaram-me a classificar esses regimes como “nacionais populares”. Fique desde já claro que esses avanços jamais foram mantidos nem por uma prática democrática convencional, “burguesa”, menos ainda por um conjunto de práticas mais avançadas, como as que apresentarei, pelo menos nas linhas gerais possíveis, adiante, nesse artigo. Foi o caso da Turquia de Ataturk, que provavelmente iniciou o modelo para o Oriente Médio, depois do Egito nasserista, os regimes do partido Baas da primeira fase, da Argélia da FLN. Experiências análogas, em condições diferentes, foram desenvolvidas nos anos 1940 e 1950 na América Latina. A “fórmula”, porque responde a carências e possibilidades reais, está longe de ter perdido seu potencial de renovação.
Classificarei portanto de boa vontade como “nacionais populares” algumas experiências em curso na América Latina, sem deixar de assinalar que, no plano da democratização, essas experiências sem dúvida trouxeram avanços que não se viram nas que as precederam.
Propus algumas análises do Sul, Sudão, Iraque) que pareciam mais promissores que outros, mas também as razões dos fracassos dramáticos.sobre as razões do sucesso dos avanços obtidos nesse quadro em alguns países do Oriente Médio (Afeganistão, Iêmen
Seja como for, é preciso não generalizar nem simplificar, como faze a maioria dos comentaristas ocidentais obcecados pela “questão democrática”, ela mesma já reduzida à fórmula do que descrevi como “farsa democrática”. Nos países da periferia, essa farsa assume muitas vezes traços de extrema caricatura. Sem serem “democratas”, alguns líderes de regimes nacionais populares foram “grandes reformadores” (progressistas), carismáticos ou não. Nasser é um belo exemplo. Mas outros nada foram além de polichinelos inconsistentes, como Gaddafi, ou déspotas vulgares “não iluminados” (e, além disso, sem qualquer carisma), como Ben Ali, Moubarak e vários outros. De fato, esses ditadores não conduziram experiências nacionais populares. Nada fizeram além de organizar a pilhagem de seus países por máfias associadas pessoalmente ao próprio ditador. Nesse sentido, foram, como Suharto e Marcos, agentes executivos das potências imperialistas as quais, além do mais, sustentaram seus poderes até o final.
Damos hoje início à publicação deste extenso artigo de Samir Amin sobre um tema que a todos interessa – a busca de um novo paradigma, a invenção da democracia para o futuro. Este trabalho foi transcrito de “America Latina en movimiento”, site da Agencia Latinoamericana de Información, com revisão do texto para a norma portuguesa.
O voto universal é conquista recente, das lutas dos trabalhadores no século 19 em alguns países europeus (Inglaterra, França, Países Baixos e Bélgica), que aos poucos se tornou estensiva a todo o mundo. Hoje, é desnecessário dizer, a reivindicação do poder supremo, delegado a uma Assembleia eleita, correctamente, em base pluripartidária – seja assembleia legislativa ou constituinte, segundo as circunstâncias – define a aspiração democrática e (supostamente, digo eu) garante a realização da democracia.
O próprio Marx investiu grandes esperanças nesse voto universal, “via pacífica possível rumo ao socialismo”. Já escrevi que, quanto a esse ponto, a história tem desmentido as esperanças de Marx (cf. Marx et la démocratie).
Creio que não é difícil identificar a razão do fracasso da democracia eleitoral: todas as sociedades, até hoje, são baseadas num duplo sistema de exploração do trabalho (sob diferentes formas) e de concentração do poder do Estado em benefício da classe dirigente. Essa realidade fundamental produziu uma relativa “despolitização/desculturação” de vastos segmentos da sociedade. E essa produção, concebida e posta em prática, em grande parte, para cumprir a função de sistema que se esperava que cumprisse, é, simultaneamente, a condição para que o sistema seja reproduzido, sem outras mudanças “se não as que se podem controlar e absorver, e são condição de estabilidade do próprio sistema.” O que se define como “o país profundo” significa, de facto, o país mais profundamente adormecido. Eleições e voto universal, nessas condições, é vitória garantida de todos os conservadorismos (ainda que reformistas).
Por isso nunca se viu mudança na história produzida por esse modo de governo baseado no “consenso” (conservador, consenso para nada mudar). Todas as mudanças de cunho realmente transformador da sociedade, mesmo as reformas (radicais) sempre foram produto de lutas, levadas avante por grupos que, em termos eleitorais, muitas vezes se manifestaram como “minorias”. Sem a iniciativa dessas minorias que são o elemento motor da sociedade, não há mudança possível. As lutas em questão, assim empreendidas, acabam sempre – quando as alternativas propostas sejam clara e correctamente definidas – por arrastar as “maiorias” (silenciosas, no início), até serem consagradas pelo voto universal, que vem sempre depois – nunca antes – da vitória.
No nosso mundo contemporâneo, o “consenso” (a partir do qual o voto universal definiu as fronteiras) é mais conservador do que jamais antes. Nos centros do sistema mundial, esse consenso é pro-imperialista. Não no sentido de que implique necessariamente ódio ou desprezo a outros povos que são vítimas desse “consenso”, mas no sentido, mais banal, de que se aceita a punção da renda imperialista, porque ela é a condição de reprodução de toda a sociedade, garantia de sua “opulência”, sempre em contraste com a miséria dos outros. Nas periferias, as respostas dos povos ao desafio (à pauperização produzida pelo deslocamento da acumulação capitalista/imperialista) ainda são confusas, no sentido de que sempre veiculam uma dose de ilusões passadistas fatais.
Nessas condições, os poderes dominantes recorrem a “eleições” como o meio por excelência de refrear o movimento, de extinguir o potencial de radicalização das lutas. “Eleições: armadilha para tolos” (Élections, piège à cons) – diziam alguns em 1968, com bastante razão, confirmada por muitos factos. Hoje, eleitas em altíssima velocidade, já há assembleias constituintes na Tunísia e no Egipto: para estabilizar o país, “pôr fim à desordem”, quer dizer: tudo mudar, para nada mudar.
Assim sendo... Renunciar às eleições? Não. Mas como associar novas formas de democratização, ricas, inventivas, que dêem às eleições outro uso, diferente do uso que as forças conservadoras previram para elas.
Aí está o desafio que temos de enfrentar.
A seguir - O décor teatral da farsa democrática

(adaptação de texto publicado no Estrolabio)
Este texto é uma síntese de um outro que, sobre o mesmo tema, publiquei no Estrolabio:
Talvez pareça um exagero comparar a democracia que temos ao fascismo que tivemos. De certo modo, é, de facto, um exagero. É, sobretudo, uma maneira provocatória de exprimir o sentimento de revolta que me assalta ao ver que este sistema democrático, teoricamente emanado da vontade popular, expresso no voto livre dos cidadãos, nos proporciona uma sociedade tão tacanha e uma classe política mais corrupta do que a do antigo regime salazarista. É um exagero assumido, com o qual procuro chamar a atenção para aquilo que na prática se manteve inalterável – a injustiça social, as grandes assimetrias culturais. A prevalência do ter sobre o ser. A uma semana do 25 de Abril, quando se comemorará o 38º aniversário da Revolução, pergunta-se: o sofrimento de tantas gerações, a miséria, a repressão, as torturas, os assassínios, a guerra suja que movemos aos povos colonizados - 50 anos de ignomínia e sacrifício, justificaram-se? Era com isto que sonhávamos? A minha resposta é "não". E a vossa?
A edição portuguesa do manuscrito de Genebra de O Contrato Social (Du contrat social ou essai sur la forme de la République), a obra de Jean-Jacques Rousseau, publicada em 2008 pelo Círculo de Leitores /Temas e Debates, traz uma interessante introdução de João Lopes Alves. A versão definitiva do texto foi publicada em Amesterdão, em 1762. Esta é, pois, uma primeira abordagem do tema, que não é a que melhor conhecemos. .A edição de Amesterdão teve um subtítulo diferente – Du contrat social, ou Principes du droit politique. A leitura da edição do manuscrito levou-me à releitura da de Amesterdão a qual, por sua vez, me levou a uma reflexão sobre a natureza da nossa democracia. Porque Jean-Jacques Rousseau, em pleno século XVIII, punha em causa o modelo de democracia que hoje temos. Muitas são as reservas que ele tinha relativamente a um regime que iria, sobretudo a partir de 1789, nos dois séculos seguintes constituir a principal esperança dos oprimidos.
A democracia representativa é um sistema muito vulnerável, pois, permitindo todas as liberdades, dá liberdade aos parasitas para sugarem o sangue aos que produzem. Hoje, como há 38 anos, opoder, o verdadeiro poder, está nas mãos dos grandes grupos económicos. Mas agora esta situação é sancionada pelo voto livre dos cidadãos ao elegerem os seus representantes no Parlamento e o chefe de Estado. Quanto a mim, é uma diferença pouco mais do que formal. Há liberdade uma total de expressão, mas a televisão e o marketing político das grandes máquinas partidárias do chamado «bloco central» se encarregam, através de insidiosos opinion makers, de unificar o pensamento. E sem o aparato repressivo, com a disseminação do «politicamente correcto» aí temos o pensamento único, um instrumento fundamental do neo-liberalismo. Porque o pensamento único , apresentado como pedra angular do sistema, impõe como verdade absoluta e indiscutível o primado do económico sobre o sociopolítico. Já vi jovens economistas rindo-se de argumentos de natureza moral e de ética política. O politicamente correcto, que abriu caminho ao pensamento único, impõe uma total independência da economia. A economia tem de ser apolítica, dizem com o ar de quem diz o que é óbvio. Outros pilares do sistema – o realismo (as coisas são como são) e o pragmatismo (para se solucionar um problema de natureza económica, a ideologia política tem de ser erradicada).
A nossa democracia, esta em que vivemos, obedece já não a princípios – obedece às lei e aos interesses do mercado. A verdade é que esta tese do carácter apolítico que as medidas económicas devem ter é aceite por muita gente que se considera de esquerda. «Porque» (já ouvi este argumento) «se a minha vida depende do êxito de uma cirurgia, interessa-me a perícia do cirurgião, não o seu credo político». Naturalmente que esta apoliticidade das medidas económicas são expressão de um credo político – o neoliberalismo.
Nós, os cidadãos eleitores, aceitamos princípios inaceitáveis e aceitamos anormalidades como coisas normais – as liberdades impedindo a Liberdade de florescer. Pode dizer-se tudo, fazer-se tudo. Um exemplo relativamente recente pedófilos, em seguida ao julgamento em que foram considerados culpados e condenados, vieram às televisões dar uma conferência de imprensa. Dirão – é a Liberdade. Pois é – uma liberdade que põe em pé de igualdade criminosos e cidadãos eméritos. O sistema dá liberdade ao povo de escolher porque tem mecanismos que controlam o eleitorado, que induzem o voto. Como alguém que deixa à solta um cão potencialmente perigoso, mas amestrado e, portanto, inofensivo. Então a democracia foi aviltada, pervertida? Voltemos a Jean-Jacques Rousseau.
«Se houvesse um povo de deuses, ele se governaria democraticamente. Um governo tão aperfeiçoado não convém aos humanos», disse Jean-Jacques Rousseau. Na realidade, a democracia directa, quando da sua primeira formulação e enquanto participação de todos os cidadãos nas tarefas do Governo, só era concebível dentro das exíguas dimensões geográficas das cidades gregas onde o estatuto de cidadão era atribuído com parcimónia. Ao querer transpor para espaços maiores e com uma abrangência conceptual mais ampla, os senados, os parlamentos, foram a maneira que se encontrou para ultrapassar a impossibilidade de «estar o povo a reunir-se constantemente para tratar da coisa pública». Simbolicamente, o povo reunia-se todo, delegando em representantes a defesa dos seus interesses e pontos de vista.
Porém, também a respeito da solução do parlamentarismo (e referindo-se à experiência inglesa), Jean-Jacques Rousseau se pronunciou cepticamente: «O povo inglês, crê-se livre e bem se engana; só o é enquanto dura a eleição dos membros do Parlamento; assim que estes são eleitos, é um escravo, não é coisa alguma» (…) «A ideia dos representantes é moderna; vem-nos do governo feudal» (…) «Nas antigas repúblicas, nunca o povo teve representantes; era uma palavra desconhecida» (…)» Logo que um povo se atribui representantes, deixa de ser livre; mais, deixa de ser.»
Estas considerações de Rousseau sobre o parlamentarismo permanecem completamente actuais. Nas democracias que temos, terminado o período eleitoral em que todas as promessas se fazem, em que se bate às portas, se apertam mãos e distribuem sorrisos, o deputado esquece-se que teoricamente só é Poder através do mandato dos seus eleitores, passando a ser um dócil peão que o secretário-geral do seu partido movimenta no tabuleiro político conforme melhor entende. E, no entanto, sente-se investido de uma indiscutível autoridade.
Um exemplo: Tito de Morais, no seu discurso do 25 de Abril de 84, afirmava que a política é assunto de que só os políticos se devem ocupar.» É uma enormidade, pois nega a essência da própria democracia, mas Tito de Morais apenas verbalizou o conceito que os políticos tinham (e continuam a ter) de representatividade. Esquecem-se de que, numa dimensão ética logo que o partido que representam deixa de cumprir uma promessa eleitoral ou um pressuposto programático, o contrato com os seus eleitores prescreveu, que, numa perspectiva ética, deixaram de representar esses eleitores e o seu mandato deixou de ter sentido. Mas quem pensa, hoje em dia, em coisas tão incómodas e despropositadas como misturar política com ética e com moral?
Máximo Gorki disse que o importante é que o homem se vá afastando do animal. Talvez que, num futuro certamente distante, mercê da engenharia genética ou do que em seguida vier nessa área, os seres humanos se demarquem e distanciem da cadeia evolucionária animal e constituam, de certo modo, o povo de deuses que Rousseau considerava como único destinatário de uma verdadeira democracia. O saber e a informação generalizados podem ajudar a essa mutação. Mas enquanto não somos deuses, estaremos condenados a escolher entre totalitarismos assumidos e democracias onde os partidos e a classe política substituem com eficaz hipocrisia a despótica, inflexível e omnipresente autoridade do Grande Irmão?
Todos viram em 1984, a genial ficção de George Orwell uma clara alusão aos perigos de uma ditadura estalinista se estender a todo o Mundo. O XX Congresso do PCUS começou a diluir esta ameaça e em 1989, com a queda do muro de Berlim, o «socialismo real» entrava em colapso total. Orwell, que era indubitavelmente um democrata, não podia prever que um pesadelo do Big Brother a uma escala planetária nos podia também chegar através daquilo a que no pós-guerra se chamava o «mundo livre». Que a globalização da repressão nos podia vir daí. Que a opressão nos podia chegar por via democrática.
Num outro livro anterior (1945), Animal Farm, Orwell explicara já como se traem revoluções, como se subvertem ideais em nome desses mesmos ideais. Todos viram, como disse, nas ficções orwellianas críticas ao estalinismo; creio que não as podemos interpretar de forma tão estrita – o espírito democrático veiculado pelo neo-liberalismo é, em si, uma traição à democracia. Transforma a liberdade numa alavanca para manter todas as iniquidades que tornaram necessária a implantação da democracia. A «democracia», na versão neo-liberal, concedendo todas a liberdades, começou paulatinamente a destruir a Liberdade. Os governos democratas, ligados a interesses económicos e por eles patrocinados, começam a configurar inamovíveis estruturas oligárquicas. Podemos escolher os governantes que quisermos desde que escolhamos gente corrupta ou que convive com a corrupção, vendo-a, os que não são corruptos activos, como um mal necessário. Se defendemos castigos exemplares para criminosos, aqui del rei, o peso do politicamente correcto e do pensamento único cai-nos em cima.
O exemplo de Saint-Just é elucidativo: jovem membro da Convenção de 1792, votou pela execução de Luís XVI e foi eleito membro do Comité de Salvação Pública em 1793. No meio daqueles senhores, odiado pelos girondinos e hostilizado pelo seu próprio partido, o dos montanheses – manteve sempre a sua intransigência – a sua utopia era a criar uma democracia de artífices, camponeses, pequenos proprietários, de gente fiel ao espírito da República. Para ele a Liberdade não era cada um fazer o que lhe apetecesse. A Liberdade era a maior das tiranias, aquela que não permitia licenciosidades. Chamaram-lhe o "arcanjo do Terror". Em Julho de 1794 foi guilhotinado. A defesa intransigente dos princípios não compensa.
A tão celebrada «mudança de mentalidades» tantas vezes evocada por quem quer manter nas mãos de minorias as rédeas do poder, é uma falácia. Claro que as mentalidades mudam e se adaptam à realidade – mas é isso um bem? Nem sempre. Importante era mudar a natureza humana e evitar que, sob ditaduras ou sob democracias plenas o desfecho seja sempre igual – o triunfo dos porcos.
Dois textos - um sobre Espanha e um outro sobre Portugal - numa colectânea sobre Espanha. Trago-os agora ao conhecimento dos leitores de A Viagem dos Argonautas.
Estranho, diríamos.
Ou será que, da mesma forma que vemos os Governos vendidos à lógica dos mercados e que vemos a União Europeia a assistir serenamente à sua própria derrocada; da mesma forma que assistimos a que problemas e dificuldades comuns atravessem a maioria dos países, somos agora forçados a entender o que se está a passar como sendo o colapso do que poderia ser um enorme espaço de cidadania, o grande espaço dos Direitos do Homem.
Será que, da mesma forma, estaremos a ver Portugal e Espanha condenados a desaparecer como espaços autónomos e por isso os juntamos aqui? Será assim, ou será porque estes dois países estão actualmente a ser atravessados pelo mesmo tipo de problemas e pela necessidade de uma saída, também ela eventualmente comum?
De Espanha “não vem nem bom vento nem bom casamento”, ouvi dizer desde a infância e lembro como minha mãe chorava quando o vento suão lhe arrasava o único património, a sua única riqueza (para além de uma pobreza que a dignificava), aquilo de que vivia: a cura de queijo fresco destinado, depois de curado, à venda porta a porta. Património que se desfazia em nada quando o vento da meseta soprava implacável.
De Espanha, nesta Primavera do nosso desencanto e descontentamento, o que nos sopra não são os ventos devastadores da Meseta, são os ventos da revolta de um povo que, num período de crise violenta cujo fim não se vislumbra, diz não à lógica suicida e às políticas fortemente restritivas que assolam a Europa, impostas por Bruxelas para satisfazer a ganância dos mercados. De Espanha são ventos de revolta e de esperança também os que agora sopram.
Com a Grécia submetida, com a Irlanda vencida, com Portugal a ver a sua riqueza patrimonial vendida ou hipotecada, com Espanha a ser agora fortemente agredida e a Itália à espera de uma outra saída, neste cenário de desolação, diríamos que da Democracia muito pouco nos resta. Muitos pensarão que dela já sente a despedida.
Será que Bruxelas, o BCE, o FMI não se limitam a assistir à derrocada da Europa e nela participam activamente com políticas de austeridade e com severas determinações financeiras impostas cegamente pelos mercados a Estados ainda formalmente soberanos? Por absurdo que pareça, temos a sensação de que não é incorrecto pensarmos que estamos a voltar aos tempos da barbárie absoluta.
E lembramo-nos do que se diz de Nero: que “terá mandado” incendiar Roma, por sonhar com uma cidade arquitectonicamente diferente! Roma ardeu durante nove dias e nove noites, dela ficando apenas ruínas e cinzas. Nero, um assassino, nas palavras de Séneca, de Suetone, de Plínio, ou, antes pelo contrário, Nero, o poeta, o político, oposto à casta dos senadores e da nobreza? Nero, um letrado, um cantor, um músico, um político que pretendia as suas ligações directas com o povo, que acusou os cristãos de serem os responsáveis pelo incêndio?
O incêndio de Roma - forma radical de impor um novo plano de ocupação dos solos e de remodelar a capital do Império e edificar à sua desmedida a sua morada, o imponente Domus Aurea? Um cenário onde poderia colocar em prática a sua ligação com a plebe? Punição, Renovação, Redenção, é esta uma das leituras para o crime hediondo, se crime houve, de Roma a arder.
No mínimo, diríamos que é curiosa esta argumentação, sendo este paralelismo com a situação actual que nos leva a pensar nos Neros modernos, dada a ideia de punição, de expiação, de redenção agora presente nas políticas impostas aos Estados fragilizados. Os cristãos acusados por Nero são substituídos pelos trabalhadores que têm de pagar a crise e para a qual não contribuíram.
Forçada esta analogia? Que dizer então das declarações de Jens Weidmann, Presidente do Bundesbank, a propósito dos países periféricos europeus e da crise, de uma outra ordem, a dos mercados, a propósito também de uma outra Europa, a da austeridade, e de uma outra Roma também - a Europa que agora está a cair? Vejamos.
Fruto do modelo neoliberal, a Europa é um espaço económico assente numa montanha de dívidas : dividas dos Estados Centrais, das autarquias, das empresas, das famílias e até de numerosos bancos cheios de dívidas, situação a rectificar com urgência através do castigo imposto aos contribuintes dos Estados membros. Os contribuintes expiarão os pecados cometidos, a luxúria vivida. Esta é a leitura do Bundesbank. E o mecanismo é mais simples do que a lógica de Nero - a punição é garantida pelos mercados através da sua arma favorita - a taxa de juro. Diz Jens Weidmann: «Quando os Estados começam a ter que pagar cada vez mais cara a obtenção de um crédito para cumprir as datas de vencimento, então endividar-se torna-se tudo muito menos atraente”.
Nesta lógica, a primeira fase do castigo atinge os Estados através das agências de notação. Baixa a notação e a taxa de juro sobe, a taxa a que um Estado se deve refinanciar no mercado. E aqui temos um desenvolvimento em cascata: a notação desce, a taxa de juro sobe, os Estados podem ainda menos suportar o encargo da dívida, a notação continua a descer, a ida aos mercados torna-se ainda mais cara e o ciclo sucede-se, como aconteceu com a Grécia, Irlanda, Portugal e está agora a acontecer com a Espanha ou com a Itália...
Posted: 07 Mar 2012 06:39 AM PST .
Governado por partidos de direita, "Partido Colorado" e "Partido Blanco", o Uruguai experimenta desde 2004 uma governação de esquerda chamada de "Frente ampla" constituída por socialistas, comunistas, tupamaros, ex-comunistas e alguns sociais democratas.A progressão económica e social não têm paralelo na história do Uruguai. Estamos perante uma interessante experiência de um esboço de democracia popular. Apresentamos a tradução de três excertos de textos publicados no semanário do Uruguai "Acción Informativa" nº 344, de 2 a 8 de março 2012, com o qual este blogue colabora (Octopus)
Salários e um pouco de memória - pelo Prof. Gustavo Guerrero, do Movimento de Participação Popular (MPP) da Frente Ampla (FA) de Tacuarembó.
É bom começar por dizer que não devemos perder de vistas que quando chegamos ao governo o país estava submerso numa das maiores crises da sua história, produto dos governos "Blanco" e "Colorado" que nos antecederam. Nessa altura, 34% da população era pobre (1 100 000 pobres) e 4% sofria de pobreza extrema (120 000).X Em 7 anos de governo progressista, a pobreza foi reduzida para menos de metade (restam 400 000 pobres) e a extrema pobreza de três quartos (restam 30 000).
Em termos gerais, considerando o índice médio de salários, durante o governo "Blanco" o salário real cresceu 3% para depois cair em 20% durante os dois governos "Colorado". Com o governo da "Frente Ampla" o salário real cresceu 36%.X Em 2004 o salário mínimo nacional era de $ 1.31 hoje é de $ 7.200.
Estes são apenas alguns dados com os quais vamos continuar a reafirmar que estamos caminhando firmemente com um rumo bem definido, que é melhorar a qualidade de vida do nosso povo.
Eleições internas da "Frente Ampla": Não só é possível como necessário - Por Fernando Micheloni, secretário-geral do Partido Comunista do Uruguai (PCU) de Tacuarembó.
Estas eleições representam a construção, fortalecimento e desenvolvimento de esta alternativa ímpar: avançar rumo a um país produtivo, melhorando a justiça social com a participação de todo o quadro social. Estas eleições não significam a eleição de figuras promovidas pelos grandes meios de comunicação social. Destinam-se a promover o cumprimento dos programas elaborados no âmbito da participação directa da sociedade organizada, valorizando os conhecimentos e o mérito, e demonstrando os compromissos realizados com as necessidades das grandes maiorias.
Para a esquerda, a expressão política, de condução e de elaboração, está baseada na participação. É o produto de um quadro amplo de alianças de vários sectores da sociedade, que apesar de pensarem de forma diferente, definem objectivos comuns nessa busca da felicidade.
O êxito está baseado na construção de instrumentos de participação directa, tanto na elaboração como no seu controlo. Está demonstrado que quanto mais participação houver, mais existirá o sentimento de pertença, o que permite que grandes maiorias se apropriem desses programas, os definem, controlem o seu cumprimento e os redireccionem caso seja necessário.
Não existe nenhum governo, de qualquer partido, que garanta o aprofundar da democracia sem a participação diária do seu povo, não existem iluminados nem poderes que substituam as inumeráveis expressões do povo.
Uma sociedade mais humana - por Ricardo Rosano Bevans
No dia 27 de maio de 2012, teremos um fase muito importante para a "Frente Ampla" com as eleições internas, nas quais todos devemos participar para continuar a construir uma sociedade mais justa, mais solidária, mais participativa e mais humana.
A "Frente Ampla" é uma ferramenta política, não é um objectivo em si mesmo, serve para permitir-nos aproximarmo-nos dessa sociedade a que aspiramos, se não servir para isso não serve para nada.X Ouvimos muitas vezes falar mal da política, tentaram convencer os mais jovens que não deviam participar porque não valia a pena e que deveriam deixar as "tarefas" políticas para os "políticos". Mas a política serve para decidir, a partir do governo, a questões que determinam as condições em que vivemos todos nós, nossas famílias, nossos amigos, a população no seu todo, ninguém deveria ignora-lo e manter-se alheio a ela. Não desconhecemos que foram cometidos muitos erros, e que as políticas sociais podem ser melhoradas e estão sendo melhoradas. Mas o que ninguém pode duvidar é que o rumo político actual é totalmente diferente do que era seguido antigamente, aquele que dava ás leis do mercado o papel supremo de determinar as relações da sociedade, que previligiava o capital financeiro internacional, que excluia muitos milhares de uruguaios condenando-os ao exílio económico e outros milhares a uma vida de miséria de marginalização.
Não temos dúvidas de que a "Frente Ampla" não é perfeita, que durante o seu governo foram cometidos muitos erros, mas tem uma virtude: dar a cada compatriota um lugar nas suas fileiras para enriquecer o seu programa, para controlar os seus dirigentes e para ser parte determinante da maior força política do país.
Preso durante 12 anos durante a ditadura, o presidente do Uruguai, Pepe Mujica, faz doação de 87% do seu ordenado mensal (250 000 pesos ou seja 9400 euros) a organismos de ajuda à habitação. Já em 1999, quando foi eleito para o Senado, tinha convencido os membros do seu partido, o Movimento de Participação Popular (MPP) a seguir o seu exemplo, doando a quase totalidade dos seus ordenados a um fundo de micro-crédito destinado aos pobres.
Selecção e tradução de Júlio Marques Mota
Entre as questões levantadas pela actual crise, nenhuma é mais importante, nenhuma foi menos debatida que a questão da democracia na Europa.
Quais são os disfuncionamentos das democracias nacionais que são em grande parte a causa dos distúrbios actuais: em virtude do Tratado de Maastricht, os governos da zona euro continuam a ser os responsáveis pelas suas políticas económicas e sociais e devem-se vigiar uns aos outros. Vimos o resultado. Por violar as promessas de rigor orçamental ou adiar as reformas necessárias, vários funcionários nacionais não somente abusaram dos seus parceiros, mas eles também lesaram a sua própria população, em especial os jovens e as gerações futuras. A tirania do curto prazo, o excesso do endividamento, público ou privado, o clientelismo, tudo isto levou a um desastre que as pessoas estão a pagar muito caro. Ninguém mais poderá afirmar que a democracia nacional vai bem enquanto a «Europa» vai mal.
Ao mesmo tempo, a crise pôs em evidência a necessidade de legitimação das decisões europeias. O desemprego faz enormíssimos estragos, a precariedade e as desigualdades estão a crescer. Muitos europeus têm a sensação de estar enfiados dentro de um túnel. Eles estão prontos para fazerem esforços se estes forem equitativamente repartidos. Eles querem sobretudo compreender quem decide e pesa sobre as escolhas a fim de reencontrar a dignidade e a esperança.
A nossa convicção é que, para sair duradoiramente da crise, nós devemos repensar a democracia em todos os seus níveis, europeu e nacional, sem os estar a contrapor.. Chegou o momento de abandonar as disputas institucionais e as críticas cruzadas que afectam o bem comum. Um desarmamento geral é necessário para conciliar os europeus com a Europa.
É certo que são os chefes de Estado e de governo que estão na linha da frente. O Conselho Europeu é agora uma instituição europeia, reconhecida pelo Tratado, com um Presidente estável. No entanto, se cada um dos seus membros tem a legitimidade que lhe conferem os procedimentos democráticos nacionais, a legitimidade colectiva ainda sofre ainda de uma certa falta de transparência e de responsabilização (accountability).
Reunindo á porta fechada, tomando decisões que não são discutidas publicamente nem sequer passíveis de serem contestadas ou provavelmente de ser desafiadas, o Conselho Europeu dá uma imagem de uma Europa distante, indescritível. Mesmo se o Presidente Van Rompuy apresenta regularmente os resultados do Conselho Europeu ao Parlamento Europeu, nenhum controlo parlamentar se exerce até agora. No entanto, as decisões tomadas pelos Chefes de Estado e de governo podem levar a retrocessos em matéria social, ou imporem um rigor económico sem nada em comum com as políticas que os governos nacionais, controlados pelos parlamentos nacionais, tem tomado nestes últimos anos.
Em torno de certas carências da acção europeia que ameaçam tornar-se verdadeiros "buracos negros", também não há nenhum debate suficiente: por exemplo, sobre a necessidade de retomar o crescimento sem prejudicar a disciplina, ou ainda sobre as chances de preservar a equidade fiscal quando, no mercado interno, o capital é móvel e o trabalho é imóvel.
A falta de discussão aberta também dá crédito á ideia de um "diktat" dos Estados mais poderosos. E é perigoso: uma das virtudes da construção europeia, desde 1950 e a razão profunda para o seu sucesso na preservação da paz, é a de ter criado a ideia de bem comum numa base voluntária, no respeito mútuo. A estabilidade não pode ser imposta pela força.
As decisões tomadas em tais condições correm o risco especialmente de não serem acompanhadas de efeitos. Não há nenhuma garantia de que o " Pacto Euro mais", adoptado em 2011 pelos Chefes de Estado e de governo para reforçar a competitividade da Europa, seja mais eficaz do que os anteriores catálogos de promessas feitas. Mais avaliação e mais controlo público seria útil.
Os parlamentos nacionais são chamados a desempenhar um papel importante no controle, por cada Estado, pelo respeito pela sua palavra, mas a legitimação das decisões europeias colectivas não pode basear-se neles. Dirigindo-se às opiniões nacionais separadas entre si, marcadas por diversas tradições, eles não colocam em presença todos os pontos de vista, todos os interesses a conciliar. Eles também são muito numerosos para serem todos os envolvidos mas também seria impensável dissociar alguns deles.
O único fórum onde esta missão pode ser assegurada é o Parlamento Europeu. Ao longo dos anos e das diversas revisões dos tratados, foram aumentados os seus poderes legislativos. Os textos negociados com a sua contribuição provam que o Parlamento sabe assumir as suas responsabilidades. Assim, na reforma do Pacto de Estabilidade ("six pack"), este ajudou a fazer prevalecer uma concepção rigorosa da disciplina e a reforçar o novo controlo de desequilíbrios macroeconómicos. Sem dúvida deve-se querer melhorar o seu funcionamento, mas se ele estivesse mais associado à gestão de crises então ele seria um elemento de ligação com as populações extremamente útil...
A exigência da democracia, da participação, da transparência, é irresistível. A prazo, grandes reformas serão necessárias para reforçar a dimensão parlamentar da União Europeia. Como a nível nacional, a questão é bem delicada porque consiste em inventar uma democracia mais exigente que evite a demagogia e a ausência de perspectivas que não sejam as de curto prazo. O processo será lento, mas um diálogo estreito e confiante entre instituições, para lá das fronteiras, pode para isso bem contribuir.
Mario Monti, Presidente do Conselho Italiano e Sylvie Goulard, eurodeputada pelo MoDem, ALDE.
Esta secção não era para ser iniciada com este texto, mas sim com um outro, antecedido por uma nota que explica os objectivos e as características destes pequenos textos escritos com uma caneta mágica, uma espécie de tapete voador que me transporta ao passado e me leva ao futuro. Esse texto, a que chamei Samarcanda, estava preparado para ser o primeiro; mantenho a nota explicativa em Samarcanda. Será o segundo texto desta rubrica, caso nenhuma outra razão de conveniência editorial o impeça.

Δεμοκρατια
No fim da Primavera de1967, na cidade onde na altura vivia, numa reunião em minha casa, ouvimos uma gravação em fita magnética acabada de chegar de Paris. Era um apelo ao povo grego dito por Mikis Theodorakis, o cantor, o autor da música de «Zorba», e político marxista que passara à clandestinidade quando do golpe militar de direita de 21 de Abril desse ano. Alguns de nós tinham estudado grego clássico no Complementar dos liceus ou na Faculdade.
Conhecimento inútil – ninguém conseguia traduzir. Democracia – demokratía, era a única palavra que todos compreendiam.
Porém, a emoção que, de forma crescente, se ia apoderando da voz de Theodorakis, era tão intensa que, no fim da audição, ficámos em silêncio e com lágrimas nos olhos. No coração de cada um de nós havia tradução para cada uma das palavras. Vivíamos sob uma ditadura e isso fazia-nos compreender a oratória de qualquer cidadão fugido à polícia política, á tortura e à morte, falasse ele que língua falasse. Theodorakis só podia estar a apelar a que os Gregos e as Gregas lutassem pela liberdade e pela democracia.
Por mero acaso, cinco anos depois, aceitei fazer a tradução do Diário de um Resistente, de Mikis Theodorakis - a partir da edição francesa, pois os meus vagos conhecimentos de grego apenas chegaram para ler as placas toponímicas de Atenas quando ali estive uns dias). E pude então saber o que o famoso cantautor e político dissera e que naquela noite nos pusera a chorar. É um texto muito longo que começava por dizer que «O rei, oficiais traidores e magistrados perjuros, de colaboração com os imperialistas americanos, aboliram a democracia na Grécia.» E terminava. «No país onde a democracia nasceu, os tiranos estão votados à morte. Abaixo a ditadura monarco-fascista! Fora com o opressor estrangeiro! Abaixo o carrasco Collias! Viva o povo Grego! Viva a Grécia!».
Tinham sido estes brados finais que mais nos tinham emocionado.
E a nossa comovida tradução estava certa.
Nota prévia da Coordenação:
A DEMOCRACIA EM DEBATE PERMANENTE
Não tendo havido novas achegas ao debate e às conclusões que, há dias atrás, publicámos, entendemos que esta discussão não deve parar. Começamos, com este texto, uma nova fase dessa discussão e convidamos todos, colaboradores e visitantes, a enviar as suas opiniões – agora já não submetidas a quaisquer regras.
Antes da Revolução de 1974, falávamos todos de Liberdade e de Democracia. Parecia que estávamos a falar das mesmas coisas. Éramos gente que pensava de maneiras diferentes e o único objectivo comum era provocar a queda da ditadura. Para depois do derrube do Estado Novo, cada um sonhava para seu lado. Para muitos dos que integravam comissões democráticas, a Democracia era isto em que estamos. Alcançámos a liberdade, podemos dizer o que queremos, ter opinião deixou de ser um delito e isso basta-lhe. Estão satisfeitos e nem entendem por que motivo há quem não o esteja. De facto, temos liberdade.
A Isabel do Carmo (talvez já nem ela se lembre) disse num comício em 1974 ou 1975 que, sim tínhamos Liberdade, mas «a liberdade não se come». Grande verdade. A liberdade, daqueles 18 meses em que vivemos a ilusão do Poder Popular, podia ter sido aproveitada para construir a democracia. Mas não nos entendíamos – Éramos uma minoria – quase 17% foi o máximo que conseguimos (nas eleições presidenciais de 1976).
O PCP tinha o seu projecto – projecto que a restante esquerda recusava. Alguns porque tinham outros projectos – a UDP, minúscula quando comparada com o PCP, era talvez a maior da chamada extrema esquerda. E, dentro da extrema-esquerda, tentava impor a sua utopia, decalcada do que pensavam ser a realidade albanesa. A LCI tinha a sua utopia, baseada na obra de Trotsky, o PRP defendia a criação de sovietes e inspirava-se em Rosa Luxemburgo e Karl Liebknecht… O MES defendia o Poder Popular, mas pela adesão de elementos destacados do movimento a um PS já estava em deriva para a direita, viu-se até que ponto essa defesa era inconsistente.
Nunca estávamos de acordo e basta a experiência dos GDUPs para ver quão difícil seria que um dia viéssemos a concordar em aspectos centrais da luta política – nos GDUPs havia uma regra – não discutir teoria, apenas questões práticas – Mas os problemas e os choques eclodiam a cada momento – a simples redacção de um folheto a anunciar uma sessão de esclarecimento, podia demorar horas, gritos exaltados, insultos…
Pequeno - burgueses na maioria, sonhávamos com revoluções em que o proletariado assumiria o poder. O proletariado entretanto, começava a descobrir os prazeres do consumo – e tinha um sonho diferente do nosso – deixar de viver na miséria – ter casa própria, automóvel, alcatifas, pôr os filhos na universidade – no fundo deixar de ser proletariado. Pelo menos deixar de o ser da forma mítica que os pequeno burgueses queriam impor, com uma imagética própria do século XIX. O que o capitalismo propunha era mais bonito, mais sedutor. E não tinha a violência que os grafitti e cartazes ameaçavam - camponeses irados de foices em riste, operários de punho cerrado e expressões ameaçadoras sob os capacetes de protecção...
Quando dizemos “nós sonhávamos com a Revolução”, é bom que tenhamos consciência de que Revolução, Liberdade e, sobretudo, Democracia não significava o mesmo para todos. Em contrapartida, a matilha de ex-situacionistas e seus filhos e netos, espalhada por diversos partidos, sabia muito bem o que queria e, sobretudo, todos queriam o mesmo. E pela sedução que o consumo exerce, muitos dos que contávamos como aliados da tal Revolução, apoiavam a matilha – logo nas eleições de 25 de Abril de 1975 a esmagadora maioria que PS, PPD e CDS somavam, devia ter-nos alertado para a realidade. Mas não. Houve quem somasse o PS à esquerda e inventasse uma maioria que na realidade nunca existiu. - éramos muito minoritários e divididos como estávamos, só através de um golpe militar podíamos atingir o poder. E todas as correntes que integravam a extrema esquerda tinham os seus aliados dentro das Forças Armadas.
Em 25 de Novembro a posição das Forças Armadas (a que prevaleceu) esteve em consonância com o que pensava a maioria dos cidadãos – só a esquerda revolucionária teve um sentimento de profunda perda. Temos tendência para nos vitimizar – o reformismo do PCP, o neo-liberalismo do PS, os militares que em 25 de Novembro desfizeram o que tinham feito em 25 de Abril. Esquecemo-nos dos nossos erros, indecisões e falta de cultura políitica.
Para podermos avançar, temos de compreender o que aconteceu – não queríamos todos a mesma coisa, embora todos quiséssemos a Democracia. Houve momentos naqueles dezoito meses em que podíamos ter convencido muita gente do PS, muita gente do PCP a apoiar-nos. Porque nem os partidos maiores podiam contar com grandes fidelidades – as maiorias, o povo, por assim dizer, percebeu mais depressa do que nós – que dizíamos verdades, mas que as profundas divisões ideológicas nunca nos deixariam puxar o carro da Revolução no mesmo sentido.
Houve traições, incoerências, tudo isso houve. Mas a principal culpa da nossa derrota, cabe-nos. Enquanto não o assumirmos, não avançamos.
A comissão ad hoc que anunciámos e que teria a incumbência de redigir um texto com as conclusões do debate, por uma questão de operacionalidade, resolvemos que seria constituída pelos dois coordenadores e por todos os que queiram agora, a partir do rascunho inicial que publicamos a seguir, sugerir alterações. Essas alterações não deverão reflectir o que cada um pensa, mas referir ideias importantes expendidas no debate e que tenhamos omitido nesta síntese. A nossa proposta é a seguinte:
De 16 a28 de Janeiro colaboradores e amigos de A Viagem dos Argonautas deram o seu contributo para o debate sobre a democracia no nosso país. Ao todo houve 15 depoimentos sobre o tema, com cerca de vinte comentários. Destes, nove foram transformados em posts, por se julgarem de interesse especial.
Se a maioria dos depoimentos foram em texto corrido, um recorreu à poesia, outro ao cartoon, o que dá uma ideia da variedade de aptidões e de maneiras de ver que se verifica entre os nossos colaboradores e amigos. Algumas opiniões mais sucintas não deslustram, pelo contrário, valorizam o conjunto.
As ideias expostas revelam, antes do mais, uma grande preocupação com o futuro da democracia no nosso país. Essa preocupação é praticamente unânime. O ter-se podido contar com os depoimentos de dois colaboradores de origem não portuguesa também é outra componente que valoriza o conjunto. Um deles torna-se particularmente valioso pela enumeração de questões que afectam a democracia no seu país natal, a Catalunha, o que permite uma comparação com o nosso, que aliás ele bem conhece.
Também há uma certa semelhança nas ideias dos depoentes no que respeita à integração europeia e seus reflexos no nosso país. Há mesmo quem afirme ter chegado a sentir como positiva a adesão de Portugal à UE, mas ter mudado de opinião ao constatar os reflexos da crise financeira, e aperceber-se de que os seus resultados estão a ser empolados pela subordinação dos organismos comunitários e dos governos ao neoliberalismo. De um modo geral, nas opiniões manifestadas há grandes reticências sobre o modo como se tem processado a integração europeia, embora ninguém advogue abertamente a saída da UE.
De particular interesse são as análises de cariz histórico, para procurar explicar como se chegou ao momento presente. Aqui também se encontra uma certa variedade de opiniões, ou, pelo menos, de pontos de vista, na medida em que diferem os aspectos que são postos em relevo, nas várias interpretações. Vão desde o relevo especial dado à inflexão imposta na sociedade portuguesa pelo 25 de Novembro de 1975, até ao destaque dado aos grandes acontecimentos históricos e a influência que tiveram na formação e disseminação das ideias sobre os direitos individuais, que são comuns a todos os cidadãos. Há quem refira o peso do passado histórico, das tensões e conflitos sociais e das influências dominantes em Portugal, no que hoje em dia se está a passar.
Também se pode concluir que há um reconhecimento generalizado da insuficiência da democracia representativa. Há mesmo vários depoentes que concluem não estarmosem democracia. Etodos concordam na necessidade de uma participação cada vez maior das pessoas na vida política eem geral. Apontam-sevários caminhos, desde a defesa da constituição como plataforma mínima, à participação generalizada no que se designa por organismos de base. Há quem dê particular relevo aos valores da liberdade, e quem aponte para a procura da igualdade em primeiro lugar. Alguns abordam claramente o papel cada vez mais secundário que se está a dar ao trabalho, em favor de outros factores de produção. Outra opinião, valoriza sobremaneira os movimentos de rua, nomeadamente o dos «indignados» - na opinião deste argonauta, o futuro da democracia joga-se na rua.
Também é generalizada a expressão da necessidade de reflectir sobre o percurso feito até aqui, para se chegar a uma melhor compreensão do impasse presente. De particular interesse será a proposta de se conhecer melhor os factos históricos do período posterior ao 25 de Abril. Igualmente fundamentais serão as sugestões de uma análise mais profunda da sociedade portuguesa ao longo da história, com vista a uma melhor compreensão da sua complexidade e dos seus conflitos, e a perceber os valores que a dominam hoje.
Esta é a nossa proposta. Lembramos que as correcções que entendam pertinentes devem ser no sentido de avaliar se houve omissões graves relatiuvamente a depoimentos e comentários e não utilizadas como introdutoras de novas questões. Porém, este é um debate que não se podia esgotar nestes depoimentos e comentários. Avançaremos com um segundo debate.
Contamos apresentar ainda amanhã as conclusões ao Debate. Entretanto, Pedro Macno, um estudante universitário enviou-nos este comentário sobre o depoimento de Pedro Godinho:
No combate às ditaduras, e a qualquer outro sistema que procure controlar a organização livre e natural dos indivíduos e como tal impor a intervenção dos seus intermediários na associação do Homem, a primeira exigência foi sempre a de condições básicas1. Esta posição não é universal em todos os oprimidos pelo sistema em questão. Normalmente os intelectuais buscam direitos políticos, com a ideia de uma consequente liberdade e melhoria de condições, levando estes a frequentemente criticarem os outros por lutarem pelas necessidades imediatas sem considerarem os restantes problemas. É este tipo de posição que leva intelectuais com Hannah Arendt2 a criticar os “pretos sem educação” por não ouvirem os “pretos educados” que, segundo ela, eram quem sabia o que era bom para todos. Obviamente que lutar apenas pelas condições básicas pode ser contra produtivo em termos de revolução devido à possibilidade de satisfação das exigências por meios reformistas, assim atrasando a revolução, mas criticar as pessoas por priorizarem as suas necessidades básicas ignora que a sua força está na massa anónima3; já para não falar de que tomar a posição de que se sabe o que é melhor para os outros e que consequentemente estes deviam deixar-se ser liderados é uma posição elitista. Há sempre elementos cuja luta será a liberdade e eles podem ser uma boa influência na organização e direção de movimentos sociais, mas defender que a liberdade é a primeira exigência é simplesmente ignorar a história dos movimentos sociais.
Reconhecer a coerção dos detentores dos meios de produção sobre os trabalhadores que os obriga a vender-se para poderem adquirir “pão” é um passo extremamente importante, depois é necessário reconhecer que os direitos políticos são apenas uma ilusão. Estes são limitados pela capacidade de manutenção do próprio sistema, pelo qual quando este está em perigo não há nenhum problema na revogação de qualquer “direito”. Qualquer luta dentro do Sistema por “direitos” deve ser feita segundo uma perspetiva crítica que reconhece que qualquer ganho não representa progresso na direção da Revolução.
Ao contrário do que o autor do artigo defende a democracia representativa não foi uma solução para “o crescimento e alargamento das comunidades”. A democracia representativa foi uma resposta do Capitalismo à perda de legitimidade dos sistemas políticos e à mudança das classes sociais. A perda da democracia direta que ainda existia, embora obviamente limitada, anteriormente foi o resultado lógico da necessidade dos detentores dos meios de produção de controlar o proletariado. Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Rocker e muitos outros já foram capazes de mostrar que a democracia direta não é limitada por nenhum tamanho da comunidade. É necessário ter em conta que foi com a democracia representativa que passou a haver pela primeira vez a intervenção de várias instituições centrais na comunidade, por exemplo a polícia moderna não tem qualquer bases na comunidade em que se encontra e que não foi criada para responder a qualquer aumento da criminalidade resultante do tamanho da comunidade4. Quanto à própria consideração desta forma de democracia como “representativa” não comentarei as limitações de representatividade dos que são eleitos e a sua distância para com os que supostamente representam, pois se trata de uma discussão demasiado comprida para ter num artigo.
Esta noção da evolução da democracia representativa ainda assim é importante de ser esclarecida, pois com a narrativa do autor há possibilidade de se considerar que a democracia foi “usurpada”. Enquanto que se considerarmos a atual democracia como a lógica evolução do sistema para a manutenção das classes sociais então compreendemos que o Estado não representa, nem nunca representou, o interesse comum e o bem público. É também por esta perspetiva que o faz considerar que é necessário implementar “mecanismos diversos (alguns constitucionais, alguns diretos) que limitem a deriva oligárquica”. Se considerarmos que o Estado nunca esteve presente para defender o interesse comum, então resultará a conclusão que qualquer mecanismo que seja implementado para regular a influência de interesses egoístas será para defender os interesses dos que detêm o poder no momento ou para apaziguar agitação social que ameace a hierarquia existente.
Não devemos reconhecer a atitude de alguns Estados de “descolonizar” ou outras ações obviamente positivas como representativas da chegada a uma posição moral superior que lhes permite pedir o mesmo dos outros. Os Estados apenas defendem os seus interesses e não se deve julgar as suas ações benéficas como nada mais do que o resultado da manutenção do sistema na altura. É por isso que os poderosos defendem sempre uma atitude de “liberdades” para com os seus cidadãos enquanto que ao mesmo tempo requer deles os piores dos crimes contra os de fora, com o patriotismo como a justificação apresentada mais frequentemente para alistar as pessoas; e os fracos só não cometem os mesmos crimes porque não podem e exigem uma atitude diferente da dos poderosos apenas devido à sua própria fragilidade5.
A soberania popular não existe, pelo menos não agora, e a soberania nacional não deve ser uma causa que as nossas motivações progressivas desejem defender. O conceito abstrato da Nação é um cancro na sociedade, nunca conseguiremos ter uma perspetiva verdadeiramente humanitária enquanto estejamos pegados à Nação e a consequente discriminação dos que não são cidadãos e aglomeração arbitrária de comunidades e culturas diferentes no mesmo grupo. Isto não deve ser entendido como uma defesa da União Europeia, apenas como uma crítica da defesa da Nação como algo positivo. A União Europeia é apenas mais uma evolução do Capitalismo de quebrar as barreiras necessárias, para permitir a acumulação de Capital necessária; devido às contradições inerentes da acumulação de Capital6.
A democracia é exatamente “incompleta e imperfeita” e é por isso mesmo que é necessário acabar com o preconceito de que a democracia representativa tem que ser ajustada para melhor representar as pessoas e começar uma verdadeira discussão de como acabar com esta forma de dominação das pessoas e de como estabelecer uma democracia em que as comunidades, a associação livre das pessoas e a federação livre das comunidades sejam o sistema político. Como tal a Lei não deve ser vista como a representação da vontade das pessoas e uma medida para atingir justiça social, mas sim reconhecida pelo seu papel de legitimação do Estado e das suas ações. Isto não é dizer que não se pode, nem deve, influenciar a Lei para fins progressivos. Todas as nossas atitudes que visem um futuro que seja melhor para a sociedade devem compreender a necessidade de abolir a democracia representativa para expandir a democracia para uma forma mais representativa.
Esperamos poder amanhã publicar as conclusões deste debate. A participação foi grande, o número de depoimentos e, sobretudo, de comentários foi elevado. Ouçamos mais uma vez um dos nossos oradores "residentes", Eduardo Galeano, quando o ano passado visitou osindignados acampados na Praça da Catalunha, em Barcelona. É, salvo erro, a terceira vez que editamos este vídeo - mas não será a última - Democracia manipulada... Este é o rumo que não queremos:
Quatre Barres
A Viagem dos Argonautas tem vindo a promover um debate sobre o rumo que queremos para a democracia. Entre vários depoimentos foi também publicado o texto de Josep Anton Vidal, Algumas patologias das nossas democracias, na sua tradução portuguesa. Pelo seu interesse e para os leitores interessados, publicamos hoje o original em catalão.
Alguns mals patològics de les nostres democràcies
por Josep Anton Vidal
Els mítings i les campanyes electorals, perquè col·loquen els factors emotius per damunt dels racionals; perquè són espectacles autocomplaents, endogàmics i manipuladors; perquè obliguen a fer despeses inassumibles, que hipotequen l'honestedat i la independència de l'acció política.
Els líders, perquè se senten dipositaris d'una missió salvífica que es basa en la subordinació dels ciutadans, que esdevenen "masses" disciplinades i obedients, acrítiques i manipulables.
Les consignes, perquè volen substituir la participació democràtica per l'obediència.
La propaganda, llevat que els ciutadans puguin emprar-la per exigir als titulars responsabilitats si no compleixen el que anuncien.
El vot esclau, perquè anul·la la funció dels parlamentaris i converteix en una farsa el debat polític.
L'opinió captiva, que impedeix la discrepància i el debat i obliga a desmentiments i rectificacions que perverteixen els arguments subordinant-los als canvis d'estratègia dels partits.
El vot pactat, per raons iguals o similars, però també perquè el pacte sempre és secret i suposa una voluntat d'ocultació o d'engany als ciutadans.
Els lobbies, els poders fàctics, a més dels grimpadors, els miserables sense escrúpols, els delinqüents i les màfies, tots els oportunistes que s'aprofiten del sistema democràtic i de la seva manca de capacitat efectiva per controlar eficaçment l'acció de govern i la despesa pública.
L'herència històrica del jacobinisme, que ha imposat als sistemes democràtics un esquema de valors nascut a l'empara del Despotisme Il·lustrat.
La mentalitat dels buròcrates que accedeixen a la política en lloc de limitar-se a treballar en el seu departament i garantir l'eficiència burocràtica.
La meritocràcia, perquè demostra que es compleix el principi segons el qual s'ascendeix en funció dels mèrits, fins que s'arriba a un lloc que supera les pròpies capacitats, que s'ocupa de manera vitalícia i ja no s'ascendeix més.
El personalisme, perquè és una traïció a la democràcia i perquè porta a l'acumulació de càrrecs, una pràctica que caldria prohibir rigorosament: una persona, un càrrec.
El dogmatisme, que perverteix o fa inoperants les anàlisis i substitueix la realitat per allò que diu el dogma.
La subordinació dels ciutadans a qualsevol poder, sigui o no sigui arbitrari, perquè és una perversió del sentit democràtic.
El vot ignorant, desinformat, manipulat, perquè suposa la destrucció dels principis democràtics.
La incoherència entre el programa polític i l'acció de govern i la impossibilitat de demanar responsabilitats per l'incompliment (i de fer-ho judicialment i penal en el cas que comporti perjudicis flagrants als ciutadas o malversació).
La ideologització i la manipulació política de la justícia.
La sacralització de la llei i de l'estructura de l'Estat (i la litúrgia patriòtica, naturalment).
La impunitat amb què se salda la mala administració.
La inconcreció dels programes polítics electorals: un programa polític ha de fixar objectius ideològics a llarg termini, però ha de concretar, amb un pla d'acció específic i avalat per un programa de gestió i un estudi econòmic, els objectius a curt termini.
La falta de respecte al ciutadà i a l'adversari polític.
La incapacitat per blindar durant els terminis determinats –per raons d'eficàcia- alguns sectors de l'activitat política per preservar-los de les fluctuacions dels canvis de govern: el sistema educatiu, per exemple, no pot canviar substanacialment amb cada canvi de govern; i tampoc els sistemes sanitari, de pensions, etc.
La pràctica política que posa l'oposició al servei de les estratègies dels partits i en contra de la governació de l'Estat en qüestions que afecten directament els drets bàsics dels ciutadans, pervertint així el sentit del vot, que és sempre, per naturalesa, contribuir a la governació.
La manca d'una reglamentació particular per als casos de majoria absoluta que impedeixi exercir-la des de l'arrogància i el despreci de les altres opcions que, malgrat ser minoritàries, representen sectors de la societat que no poden ser negligits sene trair els principis democràtics.
Els interessos que perverteixen la pràctica democràtica per servir altres objectius (de partit, de confessió, de privilegi, d'idees...)
La desigualtat social.
El principi segons el qual la llibertat de l'un acaba on comença de la de l'altre, perquè és una perversió congènita de la vida democràtica, per a la qual és necessari que la llibertat de l'un comenci i acabi on comença i acaba la dels altres. I igualment, que la riquesa, el benestar, les oportunitats de cadascú no s'edifiquin sobre l'explotació, les mancances i la manca d'oportunitats dels altres.
O debate está no lavar dos cestos, mas continua a vindima...
Enquanto a equipa coordenadora prepara as conclusões, vamos publicando os depoimentos e comentários que nos chegam. Por exemplo, este que hoje publicamos representa, por assim dizer, as conclusões que o nosso argonauta catalão retirou do que aqui foi dito. É aguda e sábia a análise de Josep Anton Vidal. Ora façam o favor de ler:
Derrube da ditadura e construção da democracia, são coisas diferentes – por Josep Anton Vidal
Neste debate vi atribuir responsabilidades a militares e a partidos, pelo curso que os acontecimentos assumiram. Porém a questão das responsabilidades é muito delicada e creio que devemos reparti-las por todos. Não sei onde li, não há muito tempo, acho que relativamente ao Egipto ou à Líbia, um cartoon humorístico em que uma personagem diz para a outra: "São insaciáveis! Não lhes basta acabar com o ditador... Também querem acabar com a ditadura!".
Ao longo do debate surgiu por diversas vezes a alusão à “deterioração” da democracia... Porém, como é possível? Se assim é, e falando do que se passou no Estado Espanhol a partir de 1975, onde estava eu enquanto os meus compatriotas gozavam de uma “excelente democracia”? Porque, parece que a excelência – ou pelo menos um certo brilhantismo das qualidades de uma democracia é requisito indispensável para que se possa falar de deterioração…
Creio que, de uma maneira ou de outra, todos incorremos num um auto-engano. Para conseguir a democracia tinha de se acabar com a ditadura: era o pré - requisito necessário, e isso levou-nos a fundir os dois objectivos num só. Acabou-se com a ditadura e pareceu-nos que atingíamos a democracia... Era um espelhismo. Quando se derruba uma ditadura, porque algo ou alguém a faz cair, ou porque ela cai por si mesma, não nasce das suas ruínas um flamante edifício democrático. O que aparece é um terreno baldio, ou cheio de cadáveres. É nesse baldio que se tem de construir a democracia. Começa então o caminho para o objectivo real.
As nossas democracias, no começo eram baldios e nos terrenos baldios costumam reinar as ratazanas. As forças que estavam unidas contra a ditadura, já não o estavam em torno de um mesmo modelo de democracia.
A primeira consequência foi a fragmentação; ou seja, a perda da força. Na Catalunha, tanto as iniciativas políticas como as culturais ou as sociais deixaram de ter a coesão que tinham tido contra a ditadura. Pelo meio, havia estratégias, posicionamentos, pactos, conveniências políticas... Tinha que se deixar trabalhar os políticos, diziam. E os políticos não estavam já no mesmo lado, mas em grupos diferentes. A fragilização é o ambiente propicio à desmobilização. Em todas as revoluções, a primeira medida que adopta quem alcança o poder é desmobilizar ou desarmar os que o ajudaram a consegui-lo. E isso é assim mesmo que a via de acesso ao poder seja democrática. Fragmentação, divisão, confronto, desconfiança, receio, desarmamento ideológico, desmobilização, despolitização e demagogia.
Talvez não devamos lamentar a deterioração da democracia, mas sim o não termos sabido construir a democracia. O abandono prematuro, o esquecimento do nosso principal objectivo – isso é o que devemos lamentar.
É como os lavradores que, tendo conseguido a propriedade da terra que lhes permitiria mitigar a fome, não a lavraram e descuidaram a sementeira, porque confundiram na sua luta o meio com o objectivo ou fundiram dois objectivos num só e tendo a terra julgam ter conseguido, sem mais esforço, a colheita.
No caso espanhol, derrubado o aparelho franquista, alguns políticos mais ou menos hábeis, dedicaram-se a salvar o aparelho ideológico, negociando uma constituição ambígua, que tanto podia servir para uma coisa como para o seu contrário... Não era um quadro legal: era uma nuvem evanescente. Aproveitando logo a falta de coesão das forças democráticas - as quais deviam ter construído a democracia e zelado pela sua autenticidade, foram alimentando os medos, estabelecendo os seus álibis patrióticos, submetendo o poder político aos poderes fácticos e gerando um aparelho "democrático" simultaneamente inepto para uns e servil para outros.
E aquellos polvos trajeron estos lodos, como diz o ditado castelhano. Uma coisa levou à outra.
(Conclusão)
Viragem social-liberal
A partir dos anos 70, o compromisso social-democrata é confrontado com a forte progressão do neoliberalismo nos Estados Unidos e no Reino Unido e com o aparecimento de novas problemáticas no campo das ideias à esquerda. A social‑democracia enfrenta esses desafios com um triplo eixo programático: um eixo clássico que se preocupa com a justiça social, o emprego e o crescimento económico. Um segundo eixo tenta agarrar os temas post-materialistas e anti-autoritários mais populares na opinião pública (defesa do ambiente, segurança alimentar, liberdade sexual, a igualdade homem-mulher). O terceiro eixo é de inspiração neoliberal (estabilidade monetária, compressão das despesas públicas, privatizações, baixa dos impostos, Estado social mais reduzido mas "activo") [2].
Depois das breves experiências keynesianas do PS francês (1981-1982) e do PASOK grego (1981-1984), os partidos social-democratas no poder no sul da Europa aplicam políticas de desinflação competitiva sob a pressão da concorrência internacional. O seu custo social é muito pesado (elevadas taxas de desemprego, deterioração do Estado Providência e dos serviços públicos). A conversão de facto ao neoliberalismo é primeiramente ignorada ou negada (Lionel Jospin falou do " parênteses de rigor" em 1982) [3]. Com a chegada ao poder de uma geração de líderes estranhos à cultura social-democrata tradicional (Tony Blair, Gerhard Schröder), o revisionismo social-democrata é reconhecido, ou mesmo reivindicado [4].
Na década de 90, Tony Blair chama de "terceira via" a nova síntese social-democrata [5]. Anthony Giddens, o seu criador, posiciona-a como equidistante entre o neoliberalismo e a "velha" social-democracia keynesiana. Se ele se demarca do ultraliberalismo de Hayek, este novo compromisso rejeita antes do mais o intervencionismo do Estado e as políticas redistributivas da social-democracia dos anos 60-70. O governo da esquerda plural de Lionel Jospin (1997-2002), apesar de um discurso de esquerda mais tradicional e das políticas combatidas pelos defensores da ortodoxia neoliberal (redução do tempo de trabalho), não se afastou de maneira significativa do tipo social-liberal. Este governo tem elogiado as virtudes da modernidade, da competência e da responsabilidade e procurou o apoio de várias categorias sociais através de políticas de "agradar a todos ": (35 horas, criação de emprego, cobertura médica universal, Pacs, paridade homem-mulher, baixa dos impostos, privatizações, aceitação do Pacto de Estabilidade e Crescimento...). A esquerda plural não evoluiu fora deste quadro neoliberal geral que ela amenizou com as suas medidas neokeynesianas.
O impasse da terceira via
Depois de ter havido entre 1997 e 2002 até 12 governos na União Europeia (UE), a social- democracia está hoje na parte baixa da onda. Quatro países escandinavos em cinco - o coração da social-democracia - são regidos por formações políticas conservadoras. Na Alemanha, o SPD, aliado aos democratas-cristãos, está no ponto mais baixo das sondagens; o Partido Trabalhista britânico é também altamente impopular. Os partidos da oposição também não se saem muito melhor (incluindo o PS em França). O declínio social-democrata é profundo e parece duradouro. O descrédito atinge sobretudo o projecto liberal tecnocrático de tipo "terceira via". A "via blairista" levou a social-democracia a um impasse político, ideológico e eleitoral [6]. A social-democracia dos anos 90 fez escolhas em ruptura com as suas ideias e com as suas políticas tradicionais: adopção de políticas neoliberais no plano económico e orçamental (continuação das privatizações, apoio à desregulamentação do mercado comunitário, dumping fiscal para atrair os investimentos); desmantelamento do Estado social (flexibilidade do mercado de trabalho, restrições impostas às políticas industriais, redução das prestações sociais); adopção de valores post materialistas próprios das categorias de capitais culturais e económicos mais elevados e políticas cada vez mais restritivas quanto à imigração e ao endurecimento na política de segurança para com os infractores. Alguns sociais-democratas apresentam-se como os gestores " mais eficazes do capitalismo " [7]. Eles acompanharam a subida em força do capitalismo financeiro no mundo (globalização) e na Europa (integração Europeia).
As políticas ditas de "terceira via" contribuíram para o aumento das desigualdades na Europa. Desde os anos 80, a parte dos salários no rendimento nacional passou de 72,1% para 68,4%. Depois da década de 90, a taxa de actividade aumentou de 61,2% para 64,5%, o que significa que um maior número de activos partilham um volume menor de riqueza. De acordo com o índice de Gini, as desigualdades sociais tem aumentado bastante desde a década de 80. A "Europa social" não passou da fase de slogan, e ela é rejeitada até por formações pertencentes ao Partido Socialista Europeu. A UE é uma zona de profundas desigualdades: 20% dos mais pobres recebem 4,5% do PIB na UE, contra 8,1% na Índia e contra 5,1%.nos Estados Unidos.
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Na Alemanha (Die Linke), na Itália (Rifondazione Communista, antes da sua ligação ao governo de Veltroni), nos Países Baixos (Socialistische Partij) e em França (o novo partido Anticapitaliste), formações "da esquerda da esquerda", seduzem as categorias populares abandonadas pelos partidos social-democratas. A reorientação extrema que operou a social-democracia desde a década de 80 coloca-a hoje numa posição insustentável: à direita, é cada vez mais difícil distingui-la das formações conservadoras ou liberais. À esquerda, esta é cada vez mais sujeita à concorrência feita por formações que empunham melhor que ela os ideais de justiça social e da redistribuição do rendimento. A democracia nasceu à esquerda. Ela não poderá colocar um fim ao seu irresistível destino a não ser que se reposicione claramente à esquerda.
O capitalismo está em crise, hoje. A má gestão financeira e o fracasso das políticas neoliberais têm amplamente desacreditado este modo de produção. Contudo, nenhum partido social-democrata na Europa parece estar à altura de questionar o posicionamento "social-liberal" herdado da década de 90. Algumas destas formações são mesmo defensoras dos interesses capitalistas contra os povos que sofrem (Grécia, Espanha). Nenhuma destas formações manifestou o desejo de regressar às a décadas de acompanhamento social dum capitalismo cada vez mais prejudicial para os povos e para o ambiente. A social-democracia aparece como uma força do passado num mundo que se move e que tem sede de justiça social.
Philippe Marlière *
* Maître de conférences en science politique à University College London (université de Londres).
[1] R. Ladrech, P. Marlière (dir.), Social democratic parties in the European Union. History, organization, policies, Macmillan, Basingstoke, 1999.
[2] G. Moschonas, In the name of social democracy. The great transformation : 1945 to present, Verso, Londres, 2002.
[3] P. Marlière, « Le modèle social-démocrate en question », Universalia 2003, Encyclopaedia Universalis, Paris, 2003, pp. 97-102.
[4] Fondation Jean-Jaurès, « Blair-Schröder. Le texte du Manifeste, les analyses critiques », in Les Notes de la Fondation Jean Jaurès, no 13, août 1999.
[5] A. Giddens, T. Blair, La Troisième voie. Le renouveau de la social-démocratie, Seuil, Paris, 2002.
[6] P. Marlière, La Social-démocratie domestiquée. La voie blairiste, Editions Aden, Bruxelles, 2008.
[7] P. Marlière, « Manifestes pour une social-démocratie de marché : Anthony Giddens, Tony Blair et le débat sur la Troisième voie », in Les Temps modernes, no 605, août-sept.-oct. 1999, pp. 161-180.
*Philippe Marlière est professeur de science politique à University College London (université de Londres). Dernier ouvrage : La Social-démocratie domestiquée. La voie blairiste, Bruxelles, Ed. Aden, 2008.
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